lunes, 10 de junio de 2013

Santiago Pereira "EL AROMA DE ESA BELLEZA INÚTIL. Breve debate sobre la situación actual de los ciclos literarios"

EL AROMA DE ESA BELLEZA INÚTIL. 
Breve debate sobre la situación actual de los ciclos literarios

Publicado originalmente en: http://sdr.liccom.edu.uy/2013/05/28/el-aroma-de-esa-belleza-inutil/


Desde las tertulias lunáticas de Herrera y Reissig, hasta el Sorocabana y el café Metro donde Juan Carlos Onetti se reunía con los periodistas de Marcha, los ciclos literarios conforman una movida cultural de identidad nacional.


Con otras características, estas actividades se acentuaron en el período pos dictadura, diferenciándose de sus insignes antecesores por la propia reacción social que trajo aparejada la situación del país. Estos eventos eran formados por movimientos juveniles ligados al punk, al rock y a las brigadas anti razzias que atraían a un público más vasto. El Circo amarillo, El Arte en lona y Cabaret Voltaire, eran espectáculos que mezclaban la poesía, el teatro, la acrobacia, el cine y la música; dando lugar a lo que más tarde se consolidaría en performances.

Ya en la década del noventa los ciclos De puño y letra de Roberto Genta Dorado, y Caramelos y Pimientos de Isabel de la Fuente, este último realizándose hasta la actualidad, se hicieron cargo del legado.
Entre los ciclos actuales encontramos La Pluma Azul de Alicia Preza y Andrea Estevan. Ubicados en la zona del Parqué Rodó funcionan Kalima tiene la palabra y el Living de Nilson y sus secuaces de Nilson de Souza. Y en el espacio enmarcado entre Mundo Afro, Fun Fun y el Teatro Solís encontramos El Farolito (en este momento en receso) de Marcos Ibarra y José W. Legaspi;  y la Ronda de Poetas de Martín Barea Mattos.

A estos eventos se le suman otros organizados por librerías y editoriales, como el ciclo llevado a cabo por la librería El Inmortal; e irrupciones urbanas y eventos puntuales como el de Zona Poema, los realizados por la Casa de los Escritores y el unipersonal Richieri solo, actualmente en la taquilla de la Sala de Conferencias del Teatro Solís.

El motor de los ciclos literarios



Espacios intimistas, otros de corte urbano y  algunos ciclos literarios  conforman una movida cultural que funciona mayoritariamente en la zona centro de Montevideo;  donde  los artistas se refugian para exponer sus creaciones y socializar con sus pares y el público.


Sala de Redacción conversó con Marcos Ibarra, escritor, artista plástico y organizador del ciclo literario El Farolito, quien habló sobre la realidad actual de esta movida cultural.

Para el artista, los ciclos literarios no son más que la expresión del legado literario que se está escribiendo y, que en su estado actual, no deben ser cargados con responsabilidades sociales ni políticas, ya que en la cultura capitalista el artista es visto como “un paria o un sobreviviente”.

Parte de su motivación radica en la de actuar como refugio para la proliferación de escritores, y a la misma vez ser un “mirador” de dicho fenómeno. Señaló además, que “nada se pierde, todo se transforma”, y que tanto las pérdidas como ganancias referidas a lo económico no son importantes de señalar, ya que es sabido que en ningún ciclo literario se gana dinero.


El espacio como inicio del debate

Con respecto a la repercusión de esta movida cultural en el espectro social, Ibarra entiende que dicho espectro es algo vasto y agobiante, y que “en los ciclos se ofrece un espacio y un tiempo y esto funciona para millones o para  unidades. Son muchas las veces en que el público son menos de 10 y todos escritores”.


En lo que tiene que ver específicamente con el público lector, señaló que hoy hay más opciones para el consumo de libros, y que esto se debe a la “capacidad ilusoria” que genera el capitalismo con su cultura de consumo. “Si la gente que lee libros de autoayuda no va a los ciclos, no ha de preocupar tanto como si los ciclos pasaran a tener literatura de autoayuda”, indicó el artista, destacando la necesidad de no apropiación del consumo por parte de los ciclos.

Para José Luis Gadea (Hoski), escritor y músico under, lo importante radica justamente en la pérdida de público que consuma literatura. Señaló que en este tema “entra en juego todo tipo de cambios históricos, desde la pérdida de autonomía del arte a la relativa sustitución del libro por la imagen”.


Según Hoski, la poesía por ser la que mejor conserva el “mito romántico sobre el artista ( el artista que únicamente vive para su arte y su subjetividad y que no le importan los lectores)”, es la que guarda una relación más marginal con el mercado, logrando así  tener menos llegada que los demás géneros.

Agregó además, que no cree que los poetas sean directamente los responsables de la ausencia de lectores ni de público en las lecturas, pero que sí son responsables de no poder lidiar con la realidad que enfrentan.


Las performance como criterio de show

La performance entendida como una muestra escénica donde se toma en consideración un sentido de estética y/o improvisación, no es hoy para Hoski un show atractivo. Según él, esto se debe a que “los poetas no toman en cuenta que una cosa es escribir y otra es leer en público; y que ambas cosas requieren habilidades y códigos semióticos diferentes, que por supuesto pueden o no estar reunidos en una misma persona.”

A esta problemática, el artista le suma la baja autoestima de la poesía que lleva a naturalizar el fracaso. Además agregó que tras esa naturalización “se esconde la falta de rigurosidad de muchos de los poetas lectores, a los que se les permite hacer cualquier cosa y aburrir de manera sistemática a un público compuesto mayormente por poetas amigos y otros poetas lectores que esperan su turno”.

Sin embargo, para Ibarra las performances poéticas no se realizan con un criterio de show, sino más bien como una actividad en la cual se le da soporte a un texto. “En lo personal, no es menos atractivo ni más atractivo; es así, es diferente, no apunta a las grandes masas ni quiere producir grandes estados de éxtasis…Es necesario que recordemos que la cultura abarca también al show, pero no siempre es el show. Y cuanto más se aleja del show, más se acerca a su esencia inútil y bella. En los ciclos literarios tal como son hoy, el aroma de esa belleza inútil se percibe”.


El futuro de los ciclos


Hoski señaló que será muy difícil “superar una naturalización del fracaso y que hace impensable una lectura de poesía que no tenga un público de poetas amigos o conocidos entre sí”. Para revertir este asunto, los escritores y organizadores de ciclos deberán tomar como criterio de valoración precisamente a la presentación”, indicó el escritor.

Para Ibarra, lo que podría revertir la existencia de los ciclos literarios es la exclusión, el aburrimiento y la tendencia consumista que pueda aparecer en forma de competencia, afán de protagonismo y éxito, en vez de reconocimiento.

Finalmente, Hoski dijo que “si pensamos a la lectura de poesía como un show las puertas para esa asociación se abren”, y que “los aportes del teatro, la música y el audiovisual (entre otros) pueden dar a la luz un espectáculo nuevo y diferente, en el que la poesía realmente pase a formar parte de un show.


Santiago Pereira



Fotos: 1.Martín Barea, organizador de la Ronda de Poetas, leyendo en su propio ciclo.
Fotos:2. Santiago Pereira, autor del artículo, leyendo en la Casa de los Escritores.


No hay comentarios:

Publicar un comentario