martes, 25 de octubre de 2011

Óbolo cultural - Hoski (entrevista)





Entrevista de Óbolo cultural


(Esta entrevista se hizo para la sección "Las diez de cooltivarte" y fue extraída de:


1-¿CUÁL ES TU PRINCIPAL MOTIVACIÓN ARTÍSTICA?

Estar vivo; sentir las cosas, pensar, sentir mi pensamiento como algo tangible. Sospecharme algo más de mí mismo y querer darle forma. Por eso empecé a escribir. Por supuesto que existe una instancia de puesta en público del texto o de lo que uno haga, un momento en que eso deja de estar en la esfera íntima de uno y se convierte en un enunciado dentro de una red de enunciados; se transforma en un decir que discute con otros decires, que es tomado o dejado en la indiferencia por los otros. Yo no digo que al momento de escribir el factor público o lectores no esté presente, pero la verdadera estimulación está en un contacto casi mágico con la escritura y con la música, con la posibilidad de decir.

En otras palabras, al momento de crear lo que más me motiva es la creación misma, tanto como proceso, al igual que como producto. Cuando hago una canción o una nouvelle lo mejor es estar en viaje hacia, pero también el poder reírme de lo que hice, o mirarme como en un espejo de soledad metafísica, conmoverme aunque sea por un tiempo leve. Luego todo vuelve a empezar; no se ha escrito el verso perfecto.

Sueño con encontrarme a mí mismo en algún poema. Quizá cuando haga empatía con los otros, cuando la escritura finalmente haga un crack enorme, entonces, allí puede que también yo aparezca.


2- NOMBRAME AL MENOS 3 REFERENTES ARTÍSTICOS INEVITABLES PARA TU CARRERA

Es difícil nombrar solo tres. Voy a pensar en aquellos que hoy siguen siendo vigentes para mí y para mi trabajo; esto implica dejar de lado a los que estuvieron una vez pero ya no ejercen tanta influencia.

En primer lugar Juan Carlos Onetti. Cuando tenía 16 leí El Astillero. Desde entonces me acompaña una niebla a todas partes. Kunz y Gálvez se sientan conmigo en el ómnibus. Onetti ha sido siempre una gran lección de filosofía para mí, pero también, de una escritura, de una sintaxis, de unas secuencias narrativas y unas descripciones, de la putísima madre. No se trata de un modelo a imitar; no quiero ni podría. Se trata de tenerlo presente siempre, de dialogar con él, de releerlo. Uno de esos modos de diálogo es lo que uno hace; escribir.

En segundo lugar Fernando Pessoa. El poeta portugués vino de la mano de la Profesora Silvia Martínez, quien más que enseñarnos a analizar un texto, nos enseñaba a sentirlo y a crear, a inventar a partir de su lectura. Pessoa, como sus clases, me acompaña desde hace tiempo, se anticipa en cien años a mis estados de ánimo. Como con Onetti, el diálogo con Pessoa es atemporal. Y lo mejor de todo es que uno puede volver a estos tipos, y encontrarles algo nuevo, una mueca escondida que siempre estuvo. Es un referente también porque lleva la poesía más allá de los márgenes; porque se ficcionaliza a sí mismo, y su nombre parece una guiñada de la Providencia.

En último lugar, Eduardo Darnauchans. Amo su militancia poética. Los que piensan que lo del Darno fue un suicidio prolongado no caen en la cuenta de que lo mismo podría decirse del señor barbudo que se decía hijo de Dios. Lo del Darno fue dejar hasta el cuerpo, ser metáfora viviente; no cantar que se va a entregar la voz y los pulmones; entregarlos, morir sintiendo, posponerse en su legado de canciones que nos siguen diciendo.

Finalmente, no puedo dejar de nombrar a César Vallejo, a Bukowski, a Dostoievski, a Cortázar, y bandas como Ramones, Los Estómagos, Buitres o Los Traidores, que también son referentes importantes.


3- ¿CÓMO SE MANEJA UN ARTISTA PARA NO REPETIRSE Y SIEMPRE IRSE RENOVANDO?

Creo que el problema no es exactamente ese. En primer lugar el problema está en caer en el lugar común, en decir lo que todos dicen y cómo todo el mundo dice. La originalidad absoluta es una ilusión, pero lograr un texto inteligente o profundo implica, en mi caso, un mecanismo de selecciones yde rechazos. Son los mismos que operan en la construcción de mis pensamientos, de mis gustos, de mis juicios sobre las cosas. Cuando algo es enfocado por todos desde un mismo lugar huele feo, hay que sospechar, hay que pararse a revisar sus fallas, hay que refutarlo o al menos ponerlo en suspenso. No creo en el trabajo en masa, en la tutela institucional para la producción de cierto tipo de arte, para que se digan ciertas cosas de cierto modo. El problema no es si el modo es bello o correcto, o si es justo porque implica la defensa de aquellos que han sido históricamente marginados; el problema es no caer en el lugar común, estar un paso más allá, ser mordaz.

Claro que se cuenta con un problema intrínseco a la cultura y la estupidez humana; la yuxtaposición de discursos “críticos”, “nuevos”, a otros viejos repetidos y desgastados. Finalmente, ambos se vuelven viejos y los progresistas se creen originales, y los viejos también creen, mediante el rechazo, que lo son. Pero en el fondo, lo único que hay es la repetición y la certeza de que las cabezas de las personas tardan mucho en cambiar. Hay mucha gente por ahí que se cree vanguardista porque escribe sin rima y sin signos de puntuación; del otro lado, hay un montón de viejas imbéciles fascinadas o profundamente disgustadas por tal artilugio del s. XXI.

Cuando me pienso como artista, me pienso en esa esfera íntima de la que hablaba. A veces es bueno no haberse criado ni vivir en Montevideo; eso evita que uno se enrosque en algunos viajes artísticos, y que pueda ver el panorama desde cierta distancia.

La segunda parte del problema está en si repetirse es malo, y qué es repetirse. Idea Vilariño se repite durante cincuenta años en lo que escribe, en lo que dice; lo mismo puede decirse (no sin polémica, por supuesto) de Onetti o de Bukowski, nombrados más arriba. Pasa que a veces no es molesto repetirse en cierto sentido; uno retoma elementos o modos de decir, porque su escritura a través de los años se convierte o en un proyecto (Onetti), o en un repetición obsesiva (Idea), y ambos pueden tener un alto valor artístico.

Claro, no siempre se dice lo mismo de igual manera. La experiencia, vivencial y artística, modifican las necesidades al momento de crear. A veces pasa que uno se tiene que decir a sí mismo: “no hagas esto, ya lo hiciste, ya lo escribiste”; pero también pasa a menudo que no es necesario, porque el episodio de un cuento, o el tema de un poema es retomado, reescrito desde un lugar muy diferente. En fin, el que no debe repetirse, el que debe repensarse es siempre uno mismo. Ahí es donde aparece ese mecanismo casi instintivo de selecciones y rechazos del que hablaba.

Por último, me parece muy válido que también sea repensado el modo de llegar al público. Las llamadas performances, los recitales poéticos, las teatralizaciones y las irrupciones callejeras, así como los blogs y otras yerbas del Internet me parecen excelentes medios de expresión. Nuestro mundo está siendo alterado constantemente por cambios tecnológicos que afectan todas las esferas sociales, incluida por supuesto, la artística. En la actualidad, me pregunto dónde estoy parado con mi manera de hacer las cosas: escribo en lo géneros tradicionales y dentro del concepto moderno de Literatura y ficción; mis textos se transforman en libros que aspiran a ser editados y comprados y leídos, luego, por un público acorde a los mismos, es decir un público medianamente culto, etcétera. Sigo creyendo en viejos límites de demarcación entre lo literario y lo no literario, sigo creyendo en criterios de gusto estético aunque sea a conciencia de que son meramente subjetivos e implican una operación de poder. Parecería que mi modo de hacer las cosas es tradicional y anacrónico. Me pregunto: ¿es la anacronía una postura estética válida para reivindicar ante el vendaval posmoderno y posmodernista; o es solo una excusa para no aceptar que el mundo ha cambiado? Si la anacronía fuese una postura estética válida, ¿qué ajustes habría que hacerle a la noción tradicional de Literatura, qué simbiosis haríamos con relación a los aportes de la posmodernidad que no pueden ser desechados así nomás?


4- UNA MEDIDA CONCRETA QUE AL ESTADO LE FALTA PARA APOYAR LA CULTURA…

Los apoyos estatales (institucionales) a la cultura están en relación a un recorte. Antes, cuando se ejercía el poder, el apoyo era a la alta cultura, o Cultura con mayúsculas. Ahora que vivimos en un mundo democratizado, se ha intentado destruir el concepto elitista de cultura. De todas formas, detrás de la democratización existe siempre un recorte estético (ideológico).

Aún así, hago una valoración positiva del apoyo estatal a los fenómenos culturales; pienso que hoy existe una mucha mayor difusión de los mismos en el Uruguay por parte del Estado. También reconozco que esa mayor difusión ha implicado una mayor participación y una mayor distribución de los fondos destinados a Cultura. O sea, no puede compararse el panorama cultural de las administraciones blancas y coloradas con las de los dos gobiernos del Frente Amplio; en principio, porque existen diferencias ideológicas profundas en cuanto al papel de la cultura en una y otra visión.

Dicho esto, pienso en un problema concreto, aunque advierto que mi conocimiento respeto a los modos estatales de apoyo a la cultura está un poco limitado; los Fondos Concursables del MEC, así como otros llamados del mismo o de otras dependencias del Estado, constituyen una importante posibilidad para los artistas de difundir, con un muy buen apoyo económico, lo que hacen. Ahora bien, pasa a menudo que gran parte de los interesados desconoce o no comprende el papeleo. Incluso, entre los jóvenes artistas, se desconoce la existencia de estos llamados, lo cual no debería suceder, ya que los mismos cuentan con importante difusión.

Pienso que sigue siendo un desafío la conexión con todos los posibles interesados. Existe una inequidad profunda entre aquellos que conocen la existencia de los concursos y el funcionamiento técnico de los mismos (de papeleo, pero también de ordenamiento interno del material) y los que no. Desconozco si ya se hace (así que de antemano abro el paragua), pero pienso que las instituciones educativas (de nivel secundario y terciario) pueden ser un canal interesante de difusión.


5-¿NOS RECOMENDÁS UNA PELÍCULA, UN DISCO Y UN LIBRO?

Una película: El Dirigible. La he visto un montón de veces y la puedo ver otro montón más; siempre tiene algo que decir, algo que discutir. Es una película conceptualmente excelente. Me interesa especialmente el desprecio que tuvo para con ella la recepción. En El Dirigible se propone el problema de la identidad uruguaya (o mejor dicho, montevideana), y la imposibilidad de representarla. Esta imposibilidad (la hoja en blanco, la que falta, la foto del suicidio de Baltasar Brum) es el mecanismo principal. La incomprensión no es más que la cara de la estupidez de un público del que la película se ríe todo el tiempo. Pasa que la soberbia es pecado en el Uruguay. Aparte de eso, el desengaño; Onetti en Madrid; el traductor que se intenta matar, los niños en el patio, la lluvia, el llanto de la francesa y Cabrera diciendo “no hay tiempo no hay hora no hay reloj”... Definitivamente, es una película muy recomendable.

Recomiendo un par de discos que quizá el lector desconozca. Primero el ¿Cuándo se come aquí? de Siniestro Total y segundo Soy una arveja del Cuarteto de Nos. Los sigo escuchando y me sigo riendo. Ahora, si uno desea cambiar hasta la médula de lugar: Concerto di Lugano de Piazzola.

¿Libro? Dos novelas: El Desbarrancadero y La Rambla Paralela del colombiano Fernando Vallejo. Tienen un discurso vibrante, caótico, explosivo e irreverente. Es un discurso que odia y se odia a sí mismo. Muy recomendable, sobretodo cuando andamos muy cargados de pedorradas mediáticas y sensibilidades moralizantes de segunda.


6-¿VOLVÉS SOBRE TUS PROPIAS CREACIONES O PRESENTACIONES? TE INTERESA CORREGIRLAS? RECREARLAS?

En realidad corrijo todo aquel material que creo vale la pena y que aún no ha sido editado. De lo que tengo escrito, mucha cosa se archiva entre cuadernos de borradores y no vuelvo a ellas; ya está, ya fueron. Ahora, hay cosas que me parecen interesantes, y al momento de presentarlas a un concurso o de intentar editarlas las corrijo. O sea, una cosa es que uno tenga cariño por lo que hizo en un momento dado, y otra muy diferente es hacerla pública. En ese sentido, cuando me propongo hacer público un texto tengo cierta responsabilidad. Ahí es donde entra la corrección.

Ahora bien, yo no suelo reescribir textos. Como dije antes, la escritura de un texto está asociada a ciertas necesidades internas. No puedo proponerme, mecánicamente, la reescritura de un texto (como si puedo hacerlo con una relectura y corrección) y de por sí, hacerlo no me sale. La reelaboración se da de otra manera; tangencialmente, siempre vuelvo sobre algunas representaciones, sobre algunos temas, sobre personajes o episodios. Nunca vuelvo igual, porque vengo desde otro camino y con otra mochila, pero hay ciertas cosas que son reelaboradas si se quiere. Pienso que nunca podremos ser el que fuimos porque somos a intervalos, porque no somos uno sólo, una sustancia; sin embargo, tengo la sospecha de que algunas cosas tienen en nosotros oscilaciones de largos periodos. Por eso nos parece que andamos en los mismos temas, que pensamos cosas parecidas, que el dolor o la sospecha no tienen un principio y nos acompañan desde siempre.


7- EN URUGUAY ¿SOBRAN ARTISTAS O FALTA PÚBLICO?

Bueno, desde el punto de vista del funcionamiento de los eventos culturales creo que lo que pasa es que sobran artistas. Por lo menos para determinadas disciplinas artísticas (música, teatro, por ejemplo) público hay. De hecho, para ser un país tan pequeño el apoyo suele ser masivo.

A su vez, la variedad de propuestas artísticas es amplísima; por ejemplo, en una misma zona de Montevideo, en un mismo día, a la misma hora, pueden llegar a coexistir dos, tres o más eventos culturales. Eso diversifica y enriquece mucho la propuesta, pero al mismo tiempo reduce el número de público, viéndose afectados un piso muy grande de artistas “en ascenso”. Algunas disciplinas artísticas, además, como la poesía, han sufrido una devaluación en la valorización que hace de ellas el público.

En realidad puede decirse que en Uruguay casi todos hacemos alguna actividad artística, aunque sea a escondidas o para mero solaz propio: escribirse algún poema, tocar la guitarra, estudiar teatro, hacer algún tipo de artesanía, etcétera, y este fenómeno quizá esté relacionado con la gran cantidad de público que asiste a los eventos culturales.

Finalmente, la pregunta “¿sobran los artistas?” puede plantearse en un sentido valorativo. No tengo un criterio objetivo para fundamentar algún tipo de elitismo; ni siquiera para justificar el hecho de que la mayor parte de lo que se considera artístico no me guste. En general, pienso, lo que sobra es la gente. En este sentido, no es una cuestión de que falten o sobren los artistas; cuando consumo no pienso en cantidad, pienso en calidad. Pero no tengo intención de generalizar mi criterio, no tengo claro si todo puede ser arte y todo aquel que haga una actividad artística aporte, pero tampoco tengo claro lo contrario.


8-¿CÓMO POTENCIARÍAS LA GESTIÓN CULTURAL EN EL URUGUAY?

Realmente no me encuentro en condiciones de responder esta pregunta.


9-¿CONSIDERÁS QUE ACÁ LA CULTURA ESTÁ ADECUADAMENTE DIFUNDIDA?

Pensar “la cultura” es creer que se pueden pensar todos los fenómenos y eventos culturales de manera homogénea. Algunos eventos son más difundidos que otros. ¿Qué se debería difundir más, o sea, qué debería estar adecuadamente difundido? No lo sé. ¿Qué merece viabilidad? Hay que tener cuidado en pensar todo en términos de viabilidad. No quiero decir que uno deba ser un muerto de hambre toda la vida, pero pensar lo que uno hace solo en esos términos es peligroso.

No sé si está adecuadamente difundida la cultura porque no sé qué es lo adecuado. La cultura salva, libera, la cultura enriquece el alma, etcétera, por eso debe ser más difundida, el Estado y los medios deben difundirla más. No critico la verdad o falsedad de esas proposiciones; sí su desgastado uso institucional por parte del Estado, los escritores y la gente en general. A mí, personalmente, me gustaría que en vez de hablar del show de Ricardo Ford se hablase de libros y películas, de Filosofía, pero no sé si puedo justificarlo objetivamente. Celebro la conquista de espacios para lo cultural, con un poco de escepticismo (como debe ser), pero no estoy convencido de que existan razones más allá de los discursos institucionales.

Ahora, también puedo salir de ese exceso de especulación y pararme en mis intereses; sí, está poco difundida. Me gustaría que se difundiera un poco más la poesía, y en particular la que hago yo. Lo correcto sería que los medios y en lo posible el Estado den cuenta de mis recitales poéticos, me paguen un sueldo o un viático, y editen mis libros en ediciones gratuitas a ser distribuidas en bibliotecas públicas completamente obsoletas de todo el país.


10-¿QUÉ LE AGREGARÍAS A LA MOVIDA CULTURAL URUGUAYA?

Le agregaría color, movimiento, alegría. Nuestro ambiente cultural es demasiado amargo. Hace falta una buena cuerda de tambores, una buena escola do zamba, más fiestas tecno que invadan el Parque Rodó, El Prado; hace falta más Celia Cruz y menos Gardel. Los uruguayos deberíamos dejar de pensar tanto y disfrutar la vida, consumir más porquerías y dejarnos de joder con tantos discursitos retrógradas. Uruguay necesita imitar los planes arquitectónicos europeos y legalizar la marihuana.


Junio 2011

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