lunes, 7 de marzo de 2011

Marcos Ibarra: "El Mojo y las compitales", entrevista interactiva a Hoski para 45rpm

Intertexto Nº 2 ,  el Mojo y las compitales*


“En la antigua Roma, las fiestas compitales eran fiestas que se celebraban en las encrucijadas de las calles en honor a los dioses lares. Los lares compitales, eran las divinidades que presidían la encrucijada y cuyas estatuas eran coronadas de flores dos veces al año. En las fiestas compitales, los esclavos eran los ministros principales, gozando en semejantes días plenamente de su libertad. Se dice que fueron instituidas por el rey Servio Tulio”. (Fuente: Wikipedia)

Algo de compitales tienen estas cosas. Veamos qué dice José Luis Gadea “Hoski”, un poeta-trovador-decidor que nos acompañó el 22 de enero en Solymar.

Hoski-  Asistimos a la fiesta de la poesía. ¿Que si tiene algo de compitales? Por supuesto, se celebra en la encrucijada misma de la vida, de la experiencia, del sentir, y en ella se rinde culto a la más alta de las protectoras: la belleza. ¿Quién no se ha conjurado de los demonios con algún verso de Baudelaire, de Idea Vilariño o de Vallejo? Ciertamente, en cualquiera de sus formas, la belleza ha sido lo único en que he podido creer. La poesía es en sí, un modo privilegiado de culto, una liturgia, un camino hacia sus cielos.

 Durante el siglo pasado se dio un gran paso al comprender que esa liturgia está marcada por la libertad, que más que liturgia es contacto místico. Muchos (poetas y detractores del género) no han bieninterpretado que si bien no hay fórmula para hacer poesía, no todo es buena poesía, es decir, no todo vale como bueno, y me hago responsable de la ambigüedad estética de la afirmación. Quizá no podamos realizar una delimitación definitiva, pero sí podemos reconocer la estupidez, la cursilería y la falta de originalidad. En Uruguay solemos descubrir la pólvora un par de siglos más tarde que el resto, y después tenemos que soportar ad infinitum el mismo discurso político, estético y ético como si sus autores en vez de poetas e intelectuales fuesen fonógrafos.      


 No me molesta ser anacrónico (antes que nada porque para serlo he recorrido mis propios caminos), en esta época en que todos proclaman la muerte del autor y de la concepción romántica de la Literatura, y son pocos los que realmente saben qué significa. Pienso que no debemos olvidarnos de quiénes somos los poetas. Nuestra grandeza o pequeñez no depende de otra cosa que del desempeño del rol que se nos ha otorgado en las compitales. Nuestra libertad, nuestra virtud está en relación a la belleza. Ese contacto se puede ejercer de dos maneras: a través de la sensibilidad intelectual y corporal, y a través de la propia escritura. Lo primero no es suficiente pero sí necesario. Sensibilidades groseras (gruesas, pintarrajeadas), poco originales, moralistas, dan textos de idéntica cualidad. A su vez, debemos procurar encontrar nuestras maneras del decir, y ser rigurosos, no los tímidos que esconden los versos en cuadernos viejos, pero sí rigurosos. Montevideo es muy chico, los poetas somos pocos y los lectores no poetas se extinguieron hace siglos; el juicio local (indiferencia –como dice Levrero, el uruguayo no sabe decir un “no” rotundo- o caricia en el lomo) fácilmente achancha o frustra al creador. ¿Seré tan ambicioso, tan metafísico, si pido que miremos más allá? Quizá me falte autoridad (=méritos)...

 Por último, aunque la moda sea hacernos creer que la poesía está asociada a ideales libertarios, y a compromisos sociales, creo que no es así. La poesía se debe a la expresión y a la belleza. Los poetas como Miguel Hernández y los dramaturgos como Florencio Sánchez han quedado entre nosotros por la calidad de sus obras, y por la flexibilidad de sus estructuras que aún en tiempos ajenos a su creación siguen interactuando con el medio. Aún pesa cierta culpabilidad sobre los esteticistas, resabio de la doctrina soviética del arte y del moralismo cristiano subyacente en aquélla y en la mente del uruguayo medio. Podemos discutir sobre los criterios de belleza, se me puede acusar de metafísico y de alguna cosa más, pero debemos aceptar que el poeta persigue lo bello. Si esto comprendieran varios coterráneos harían el favor de no llenarnos el aire con cursilerías políticas que pretenden ser nobles, superiores espiritualmente.      
 Más allá de todo esto, la poesía es un fuego que sigue encendido. Como todo culto, no es eterno y surge de las necesidades de los adoradores. Nosotros, esclavos, debemos oficiar lo mejor posible, brillar en estos días de gloria que nos regala el verso.


*-Este texto fue extraido de: http://www.45rpm.com.uy/201102/04.html#Intertexto2.
El mismo es parte de un complemento de la revista 45rmp a raiz de un espectáculo de poesía, música y danza, realizado en Solymar en enero de este año. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario