lunes, 25 de julio de 2011

Hoski: "Hacia Ítaca" (fragemnto de la nouvelle) + Foto de Bill Gates

          


Hacia Ítaca (fragmento)


             Cuando salí de casa ya eran como las nueve de la noche. Entré al cyber y pedí una máquina. El pendejo canchero con cara de pajero que atendía el lugar me asignó la número ocho, y allá me fui yo, a una cabina contra la pared. Tenía que enviar ese mail, lo necesitaba. Los últimos días me encontraba sumido en una inmensa laguna depresiva preexamen y ya no aguantaba más. Pasaba doce o más horas encerrado intentando empezar a leer, obligándome a perder el tiempo, rayando a Durkheim y subrayando sin sentido al tío Weber. ¿Qué carajo estaba haciendo de mí? Paraba para comer, para mear, para jugar a la computadora, para hablar por teléfono, para pensar en mí, para dormir una siesta, pero en el fondo jamás paraba, siempre estaba ese examen esperándome. Ese examen y otro examen y otro examen hasta el desquicio de lo interminable, hasta el final de la lógica y el comienzo de la angustia crónica.

            Apreté el botón rojo para encender la máquina. No era muy vieja pero tampoco nada del otro mundo. Windows empezó a cargar. Enseguida descubrí que me molestaba el hecho de que las cabinas del cyber no tuvieran cortinas ni nada que les diera privacidad. Me sentía observado, me molestaba la presencia en mi campo visual de los otros y la posibilidad nunca inverosímil de que husmearan en mis cosas. En fin. Estaba muy ansioso, como un preso que fuese liberado recientemente de su cautiverio; como un perrito cuando le sueltan la cadena por primera vez en mucho tiempo. Entonces quería hacerlo todo: quería conectarme ya, quería entrar a los chats, quería mandar el correo, ser parte del mundo de una puta vez. Pero el universo y Windows iban más lento que yo, que yo que había estado muriendo durante una semana, intentando concentrarme como un loco. Programas al pedo y antivirus completamente obsoletos se iban cargando uno tras otro, impidiéndome hacer cualquier cosa. Finalmente, luego de cinco interminables minutos, el escritorio quedó despejado y pude leer entre los íconos lo que rezaba el fondo de pantalla: “Bienvenidos al cyber Odisea. Está terminantemente prohibido entrar a páginas pornos y de la Masonería. Gracias por su preferencia. Amén”.

            Antes de hacer cualquier cosa, di una mirada nerviosa a mi alrededor. Mis ojos quedaron detenidos en la cabina de mi derecha. La misma estaba ocupada por un tipo con pinta de retrasado mental. Podía ver claramente su baba cayendo sobre el teclado, embetunando las teclas, atrapándolas cual hombre araña. Cada tanto daba unas movidas rítmicas de cabeza, sonreía y abría su bocota caída. Miré el monitor: el muchacho se dedicaba a navegar en una página de famosas que eran fotografiadas haciendo topless, semidesnudas, mostrando al sol la panza rea que ocultan por la tele. Al tipo se ve que le gustaban, a juzgar por la mano que no estaba en el mouse, a juzgar por su respiración agitada. Bien. Me pregunté cómo no podía verlo el encargado. ¿Pero cómo iba a verlo si estaba tratando de ganarse a dos pendejas escolares que seguramente venían a ver su metroflog, a dos niñas confundidas, haciéndose el canchero con un amigo, regalándoles chicles y otras chucherías? La sociedad es una paja colectiva, pensé, una compadrada solitaria de Narciso mal parido. Por eso, cada uno a lo suyo y terminamos con mi oficio de vieja chusma ¡carajo!.



Primer premio del Concurso para Narradores Jóvenes de la Casa de los Escritores del Uruguay 2010.
Texto a editarse en 2011.
         

1 comentario:

  1. Realmente hoy di con tu literatura y desde ya quedo a la espera del libro, link tras otro me fui metiendo en tus trabajos y disfruto de ellos. Este fragmento es muy bueno, dan ganas de mas. Por otra parte, estaría bueno saber el camino para llegar a tu primer libro, creo conocerte de la Facultad de Humanidades así que si te cruzo pienso hacerte esta misma pregunta; ya la portada sugiere mucho y el material critico termina de redondear el criterio. Éxitos y hasta la vista H.

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