lunes, 8 de febrero de 2010

Hoski: "Apolo 11"

Apolo 11


Y no te vayas a creer que es fácil
ver en las aristas de la bruma
las joyas tristes,
las espinas del trigo de la luna

Eduardo Darnauchans


  ¡Houston, Houston! Aquí Apolo, Apolo 11 en la más paradójica de sus misiones. Aquí la nada desde la nada, atravesando el vacío y la incertidumbre, en ondas de radio hostiles y silenciosas.



El blanco es enorme. Ondulaciones de blanco, violentos blancos mudos e impasibles rompiendo los ojos tras el manto eterno de luces sin sentido, tras la eterna ciudad muerta e inefable. ¿Qué finalidad tiene estar aquí despierto, vivo, pensante y atento? La contemplación es un fin en sí mismo. Ninguna utilidad, ningún testigo más que uno, ninguna palabra puente jamás; cada cráter, cada mancha en la pared es un imposible, un dolor de ojo y un lápiz quebrado sobre la hoja inverosímil. Aquí no hay hojas. Aquí no hay realidad que reproducir. Aquí vive la ausencia misma, la bellísima ausencia. Platón no se equivocaba, aquí vive la idea, la perfección inefable, el último de los mausoleos. Esta es la hoja misma sobre la cual se escriben todos los sueños, los amores, la historia y nuestras vidas, con huellas de desesperación o heroicidad según el capricho de quién observa, con la inevitable ceguera y torpeza de quién aún puede negarse a mirar sus adentros.



 Aquí Apolo 11 llamando, llamando desde el cacharro obsoleto, desde las palancas y los botones, desde el acero empolvado.


Y no hay más que el silencio acostumbrado. La estática ha muerto como he muerto yo mismo, intelecto puro, libro perdido, chiste indescifrable y oscuro en esta fría Antártida también oscurecida donde la Tierra no es concebible a los ojos ni al pensamiento. Allá, un mensaje de texto, mil mensajes de texto, un poema, una llamada, tres conversaciones, un te quiero y quince años de matrimonio o separación. Allá, me revuelvo en la cama. Son las tres de la madrugada y no hay manera: la verdadera muerte se resiste a dar asistencia. Por acá, las luces de mi batiscafo siguen alumbrando las rocas, lúcidas, ciertas, bandera solipsista, ojos enfermizos en la falta total de viento, de aire, de materia misma. Soy el solitario de siempre, como todo el mundo. La diferencia está en que algunos se dan cuenta y otros se distraen.



Apolo 11 ya no llama. Apolo 11 es un blog, un link caduco, la singularidad de las pluralidades, de las mentes encendidas en otros planetas y constelaciones, en otros ordenadores distantes, en otras noches de otros tiempos de otras dimensiones excluyentes entre sí y puertas irremediablemente cerradas. Apolo 11 es lo que queda del ensoñador cuando el sueño muere, cuando la palabra no conjura, cuando se tiene la certeza de que entre los átomos de sus labios y los de uno se cierne un vacío invisible y sin embargo tan real, únicamente real y frío. Y bailarán contigo todos los equívocos lógicamente posibles, todos los huecos de la lengua, toda la torpeza de los gestos y de lo no dicho jamás; bailarán contigo, sin música, sin movimiento, sin palabras. Bailarán contigo al son irrefrenable de la vista, del blanco, del cielo sin horizonte y sin días, bailarán, y yo no estaré allí. Tú no estuviste. No estamos...



  Aquí Apolo 11 despidiéndose. Aquí Apolo 11 a Houston. Más allá del cinturón de angustia, a millones de años luz de cualquier perturbación (un estremecimiento, un latido, una erección); aquí Apolo 11. Houston... Houston, si estáis ahí, os regalo el silencio.





Hoski 3/2/10


Imágenes:

*Eduardo Darnauchans.
*Astronauta Aopolo 11 en la Luna.
*Hoja en blanco imposible.

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