miércoles, 13 de enero de 2010

HOSKI: "CUALQUIER DÍA"

Cualquier día

 
  y el sabor de la vida rompiéndome la boca. Las calles lluviosas de sol, el sucio invierno frío, la colilla triste del cigarro y The Cure. Algo así. Efectos ambiguos de mi conciencia; conciencia de estar vivo. Y la calle. Todas las calles. Montevideo es y no es Montevideo. Erotismo. ¡La vida es erección! Saborear el hierro hasta dejarlo insulso, mirar el cielo hasta apagarlo, hasta blanquear su azul, hasta sorber cada una de sus estrellas. Adorar el vacío, soñar el misterio; soñar el misterio hasta investirlo en certeza absurda, conocimiento. ¡Estoy vivo! Sorbo el helado hasta hacerlo hielo, hiel, hi, h, eternidad...

  Pequeños segundos de fallecimiento, de eyaculación veloz. Montevideo no es Montevideo. Y la luz del cuarto cediendo paso a la arbitrariedad, a nuestra madre algo de algún lugar de lo que verdaderamente somos. Y otra víspera de Reyes. Y el recuerdo de aquellas vísperas de Reyes.

  En el frente, todo se trata de nostalgia. Pensaba tener pensamientos, sentidos más elevados y agudos, pero no, todo se trata de nostalgia. Añoro los minutos que alguien, sutilmente, me roba. ¿Qué fue de aquellos yos que ahora sé, no eran mejores que este triste reclamador? ¿Qué fue de este ahora, puesto en algún sucio rincón del universo, en donde el tiempo no lo alcan (zará? za?) hasta dentro de un rato nomás? ¿Qué fue de Manrique y la vida de la fama, y de la gloría eterna? ¿Qué fue de aquella España invencible? Nada nuevo bajo el sol. Nadie se asombraba entonces (“Ganada es Granada”, “hubo un eclipses”), ¿por qué habrían de asombrarse hoy (“todo es perdido”, “el eclipses fuimos nosotros”)? Nada habrá de durar más de lo que ya nos duró lo anterior. ¡Cómo quisiese llevarme la vida entera en un bolsillo, guardarla como reliquia, como Iliada en biblioteca! El mundo pasa, las hojas viejas caen y otra generación de hombres se impone, otra generación condenada al fango, a la búsqueda inconclusa de la juventud frugal. Cada segundo se les fluye de entre las callosas manos, se les escapa sin una mísera noche de verdad, sin un monolito al que poder abrazarse. Heráclito sonríe. Hemos preservado la vida como quien embalzama un pájaro tropical, hemos tenido que inventárnoslo todo, pegar los agujeros con la saliva lánguida y también perentoria de nuestra imaginación delirante. ¿Qué sería de nosotros sin Faruru, sin el subsuelo y los molinos de viento? ¿Qué fue de la vida de la fama, y de la gloría eterna? Tanta formación reactiva y yo con sueño...

  ¡Quien pudiese no descubrirse nunca! ¿Verdad? Todo se trata de nostalgia. Nostalgia de mis nervios cada vez más atrofiados, de mis órganos decadentes, nostalgia. ¡Ay! ¡Si pudiese sufrir como sufría! ¡Si pudiese leer a Cortázar como lo leía! ¡Si pudiese creer que todo el mundo gira en torno a Jim Morrison, a un un-dos-tre-va melódico y Noches Blancas del Doto! Pero ya no puedo. Las verdades esenciales del universo se me han presentado en forma de negación, de cultura, de discusión interminable. Ni certeza ni misterio ¡Qué desilusión saberme parte de todo esto! ¡Qué desilusión que parece ganar Durkheim y no Spencer! Todo lo que había dentro mío ha muerto. O bien lo he gastado, como si fuese un cuerpo de pólvora, o bien se me ha marchitado, como si fuese un cuerpo de pólvora mojada en un depósito viejo.

  Y sin embargo... Nadie puede negarme esta última victoria, atrincherado en el más abismal de mis rincones. ¡He triunfado incluso por sobre la posteridad! He sacado vida de la insensibilidad, he hecho fuerzas de la esterilidad. Soy digno de adoración. Soy digno de morir eternamente. ¿Verdad que sí? Afuera sopla el viento, y yo lo veo todo con una claridad... Pronto, mi movimiento se desalineará de los astros y el tedio se apoderará nuevamente de mí. Pero de mientras, me quedan fuerzas para fantasear, para enseñorearme en tierras sin palabras ni descripción física. Chupar el zumo de la vida, arrancar del árbol, besar a las serpientes. Poner todo el espíritu e inmolar todo mi cuerpo. ¿Quién puede negar mi identidad (Gregorovious, mucho gusto)? ¿Eh? ¿Eh?

 
  Pequeño caos controlado. Ese es el secreto. Pacto. Cuando eso funciona, entonces, el mismísimo Dios me visita, la virgen me acuna en sus brazos, me hace el amor. Estoy enamorado del monte, de la noche sin luna, de la ciudad mugrienta, de la tarde de otoño, de la plaza vacía, del baile y sus ilusiones y desilusiones tan sentidas, de todas las mujeres, de la tarde en que la fui a buscar, de todos los besos que di y no di, de este mismo día, del salón de clases al que ya nunca volveré, de la oficina en que me encuentro (a la que un día, quizás hoy ya, nunca volveré), del vino que todavía no he tomado y de las mañanas cariñosas en las que todavía tengo esperanzas. Eso y mucho más que eso. Estoy enamorado de mi historia. He sido seducido por la seducción misma, por el sinsentido, por mi propio fantasear. ¿Excitado? Orgásmico. Grosero, villano, vulgar, sucio, alzado y feo, y sin embargo, maravilloso. Preparado a violar, a ultrajar la vida si es necesario (afilo las neuronas, aceito las dendritas y me pongo en una frecuencia olvidada). Masturbación del alma, mucho gusto, Horacio Oliveira, Quijote de San Petesburgo. Pequeño caos controlado. De eso se trata para mí. ¿Mendigo? Sí, mendigo, mendigo. ¡Pero qué sentibles estas migajas! Le he ganado a Dios y a Platón: incluso cuando el mundo se me desvanece, todo es vida para mí, todo es pura sensación. Vaciar el vacío, hurtar el misterio. Sí, nostalgia en La menor subida dos semitonos. Sí. Pequeño desborde de sentido, saturación de las vísceras, claridad segadora, fuego mortecino. Sí, llévame contigo. Pequeño fuego mortecino de sentido fragmentado, poesía sin más nombre que ése, llévame contigo.



Hoski 21/2/08



Imágenes:

*Foto de Robert Smith (The Cure)
*Foto de Cortázar
*Imagen del Palacio Salvo (Montevideo) por Fernando Aliata

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