sábado, 18 de julio de 2009

Hoski "QUÉ LOS CUMPLA FELIZ" + Fotos del PAPA, PAPÁ NOEL, ÓMNIBUS CASANOVA A SAUCE Y UNOS BORRACHOS EN LA SUSODICHA CIUDAD, RESPECTIVAMENTE.


¡Qué los cumpla feliz!

-Era hijo de un carpintero el loco- dijo el primero de los tipos en el pasillo. El ómnibus empezaba a acelerar, rompiendo la noche con sus faros. Un segundo tipo venía subiendo; esperaba a que el chofer le entregara su boleto. Sin quitarle la vista a sus manos, el hombre se las arregló para contestar:
-Sí, taba reloco el viejo, porque el hijo le salió comunista y no se cortaba la barba. Flor de sorete.
-Mismo- replicó el primero, mientras intentaba limpiar una mancha de vino en su camisa; la refregaba persistentemente contra si misma, agregando, de vez en cuando, un poco de saliva para disolver el vino. No había terminado de hablar cuando alguien más intervino en la conversación. Se trataba de un peludo con cara de loco, ojos desorbitados y nariz medio ganchuda. Hablaba con pasta, con un dejo de pastillas e internados a cada sílaba lentamente pronunciada.
-Y la madre era virgen- dijo, y los otros lo miraron-. Eran una manga de judíos de mierda que no ponían plata ni para el arbolito ni para los chirimbolos. No comían lechón. Y encima andaban diciendo que había nacido el hijo de Dios y yo qué sé y entonces se quemaron los romanos, que querían seguir con la joda y lo mandaron matar y ya de paso, limpiaron a cuanto pendejo circunciso encontraron. Tremendas soluciones para la natalidad tenían los romanos.
-Ahí va- dijo el primero. Aún luchaba con la mancha. Enroscado en la batalla, mirando para abajo y con la boca abierta, de entre los labios se le empezó a desprender un hilo espeso y blancuzco de baba. La saliva fue descendiendo pacientemente, pendulando con cada sacudida del autobús. Finalmente fue a posarse en las motas de una negra que dormía apaciblemente en uno de los asientos. El ómnibus acelera. Está amaneciendo y todos quieren llegar a casa, todos quieren dormir un poco antes de que llegue el mediodía del 25. En el pasillo, las luces apagadas, nuestros tres exegetas recién han empezado su simposio.
-Los mayas también hacían pirámides- afirmó el que de ellos había hablado primero. Sus palabras y sus gestos se colmaban de entusiasmo; sus manos bailaban, su rostro se transfiguraba, estaba al borde de la algarabía. El peludo le contestó y su tono y su quietud fueron como un balde helado:
-Los hijos de puta le hicieron una cruz de eucálipto, madera que abundaba en la zona y pa’ no gastar se la hicieron cargar a él. Tenían que ser judíos- sentenció.
-Igual que los otros éstos-inserte aquí su onomatopeya-... Los locos éstos... ¿Cómo se llaman?
-Pah bo, ni idea...
El ómnibus no paraba de hamacarse. Uno de ellos tuvo la fortuna de caer sobre la única vieja de todo el ómnibus, que venía sentada bien adelante. La vieja lo pateó, lo escupió, le cinchó el pelo, le pegó con su bastón y lo insultó. Luego, volvió a su sueño. El tipo de la mancha de vino en la camisa hizo poco caso de lo que pasaba:
-En fin, pobre pibe, tenía como tres padres. ¡Flor de trola la María!
-¿La Magdalena?- preguntó el más cercano al chofer, quien recién se reponía de los golpes.
-No sé, se quedó en casa.
A todo esto, por la mitad del ómnibus se levantó una loca embarazada con su esposo. Acto seguido, se bajaron. Más al fondo, la cosa estaba espesa: los inadaptados de siempre hacían suyo el lugar, imponían sus reglas.
En cuanto a mí, me agrada la Navidad. Como todo cristiano, disfruto mucho pecando, y ¿qué mejor momento que la Navidad para cometer todos los excesos juntos?. No importa el hecho de que durante el año me haya cagado de hambre. ¿Carne? Es Navidad, se puede comer carne. Luego, quién sabe. No importa el hecho de que durante todo el año no haya encontrado a un sólo tipo de buen humor. Es Navidad: a abrazarnos, ¡carajo!. Es hora de abandonar la cara de sorete. Es hora de olvidar nuestras doce horas de trabajo; hora de olvidar que las nuestras son gordas y horripilantes esposas, que los nuestros son sucios e irreverentes pendejos malparidos; hora de olvidar a los amantes de nuestras gordas, tipos miserables como nosotros, alimentados de nuestro cagado sueldo, de nuestro cagado sueldo, como las putas baratas que copa mediante logramos llevarnos a la cama cada tanto.
Es un tiempo de tregua, un tiempo sagrado. Lo comprendo cuando veo llegar al jefe en pedo, sidra en mano, vestido con un traje rojo y una barba blanca. Creo que se trata de Stalin u otro líder soviético, pero no tengo tanta suerte. Es el jefe, que viene a alegrarnos. Entonces dejo de ser un bichicome, un borracho consuetudinario, y paso a ser un obrero feliz, un sonriente esclavo judío en Babilonia. ¡Qué bonito el espíritu navideño! ¡Qué lindo este ejercicio de olvidar todas mis penurias! ¡Gloria Jesús Todopoderoso (¿ese adjetivo vale sólo para el Padre?)!

-Pero tío, es el quinto plato de cordero... ¿No estás a dieta?
-Es Navidad. Además este año me vengo cuidando bien.
-Pero tío, tuviste tres infartos y dos arterías tapadas.
Y ahí salta Mamá, siempre conciliadora, gracias a Dios:
-M’ijo, deje de hablar de esas cosas en la mesa. Es Navidad y hay que estar unidos. Vamos a brindar.
-Pero Mamá: ¿y las pastillas con el vino... no te harán mal?.
-Seguí, vos seguí nomás... No sé puede comer tranquilo con vos.
Ahí se levanta papá de la mesa y pone orden carajo que se dejen de romper las pelotas y que te calles de una puta vez siempre jodiendo y rompiendo los huevos. Amén.

En fin, comámonos todo lo que no llegamos ni a ver durante el año, cosa de poder aguantarlo en nuestras panzas por todo el invierno. ¡Ah! me olvidaba: somos del Hemisferio Sur. Que lástima. Nada de invernar. Bueno, igual comamos, y que aguante por lo menos hasta Pascuas. Dale, servite.
Turrón, carne de cerdo, de oveja, de vaca, de baca, de obaca, de pollo, de ganso, de cuervo, ensaladas, pan dulce, budín, budín inglés y norteamericano, nueces, guiso, sándwiches, cañitas voladoras, palichips, maníes, boniatos al vino, picadas de salame, pizza caliente, arroz a las brazas, Jesús a las brazas, pan sin levadura, fideos con queso, queso con gusanos, gusanos con Cristo y así; pequeño inventario navideño que puede constatarse en cualquier vómito alrededor de las 3 de la mañana del 25, (sin contar las bebidas, ¡por Dios!).

En el fondo del ómnibus venían confirmando mi teoría de los pecados.
-No, dejame, dejame, ¡soltame la puta que te parió!- le decía un plancha de campera polar a otro que parecía ser su amigo. Éste lo agarraba, lo mantenía tomado de las caderas, cosa de que no fuera a cagarse a piñazos. El plancha siguió forcejeando, ensalivándolo todo, alternando puteadas entre su amigo, su enemigo y la madre de los susodichos:
-Yo a vos te agarro, yo a vos te conozco, cuidate las espalda(s)- decía con su voz obviamente aplanchonada, empanada por el vino en botella de plástico cortada a la mitad.
-Yo sé de dónde sos, en dónde parás, yo a vo(s) te agarro, yo a vo(s) te la doy, soltame bo dejame quieto, bo no te cagués, no te vayas, vení vamo(s) a hablar bien. ¡Ah, te cagás! Yo a vo(s) te agarro. Yo sé de dónde sos. Te hacés el malo, ¿eh?. Cogete a la puta nomá(s) pero yo sé de donde so(s) vo(s) y yo te la via a dar hijo de puta, cagón. Vení vamo(s) a hablar bien- Y seguía nomás. Moviendo las manos, pegando sacudones con la intención de librarse.
El otro tipo estaba hacia la mitad del ómnibus, refugiado en su asiento, calladito la boca y recagado de miedo. A su lado, uno sentado y otro en el pasillo, un par de amigos no muy dispuestos a protegerlo en caso de que fuera necesario. En algún momento cobró valor: giró hacia atrás, se apoyó en el asiento con la rodillas y miró la cara desencajada del esquimal que pretendía picarlo pal queso. Entonces, titubeante, y entre los insultos del otro tipo, casi se pudo escuchar:
-¿Po-po-po-demos hablar bi-bi-en? Digo, en en en una bu-buena.
-Dale vení y hablamo(s) muñiañio. Dale vení, no seas garca.
-¡Ta Yonhy tranquilizate!- aconsejaba el amigo que mantenía agarrado al esquimal.
-Soltame que lo mato, hijo de puta, so(s) un hijo de puta, cagón.
-Yonhy: quiere hablar contigo bien nomás. Además no sabés bien si fue él.
-No muñiañio, si quiere hablar por algo será muñiañio. Vení vamo(s) a hablar.
-Pe-pe-ro yo digo en una buena...
-Sí muñiañio vení.
-Ta Yohny ¿no ves que sólo quiere hablar? Dejalo quieto que es recagón.
-Y si es recagón por algo será muñiañio.
-Pero ni quiere peliar...
-Y por algo será. Bo puto vení no sea(s) cagón. Soltame dejame que vamo(s) a hablar nomá(s).
¡Ah, la ira! Qué bueno, qué sano. Todo el año esperando este espectáculo. Realmente me calma, me pone bien. Tanta violencia contenida, tanta bronca entre los dientes y ahora todo está permitido. Qué empiecen a darse de una vez carajo. ¡A la mierda con la piedad, la puta que lo parió déjense de joder con el prójimo! ¡Sangre, sangre, queremos ver sangre! Por cada mejilla que pone el cagón, el que pega pone dos piñazos. Tanta civilización bien al pedo, ¡viva la Navidad!. Tanta regla de tránsito, tanto horario de trabajo, tanta fidelidad, tanto respeto por el otro, tanta misa el domingo, tanto fumar fuera de los espacios físicos cerrados y ahora, ahora Navidad. ¡Grande Jesucristo!. Mientras siguen lloviendo las amenazas, la negra decide pararse, permiso, gracias, va hacia el fondo. Los negros tienen todo el fondo abarrotado. Algunos sentados en el piso, otros contra la puerta, otros encima del fierro que sirve de pasamanos en la escalera, fumando cigarrillos, tomando cerveza, otros robándose el cartel que prohíbe fumar en el ómnibus; el fondo está completamente lleno. Desafiando las reglas del volumen del boludo que dijo ¡eureka! mientras se bañaba en un yakuzzi griego, los tipos se movieron, se reacomodaron de una forma inverosímil, cuasi mágica, permitiendo que el cuerpo de la negra llegase a los escalones de la puerta. Entonces, mmmmmmmm, la lujuria. ¡Qué agradable! Sólo un pequeño reparo lógico: la cantidad de manos era diez veces mayor a la cantidad de nalgas tocables. Y bueno, más uno recibió también su manoseada en el culo. Cada vez que la negra se daba vuelta a mirar quién había sido, por el otro costado recibía otro tanto de manotazos. Y bueno, es la Navidad... Un poco de comprensión por los muchachos y sus hormonas. Es jodido irse solo a dormir el 25.

Sí, definitivamente: la Navidad es un buen momento para la ira, para la lujuria; es un buen momento para ya, bastante en pedo, cargarse a la mujer del vecino; para cargarse a la señora madre del vecino, a la hija del ya nombrado. De hecho, podemos aprovechar para manifestarle cuánto lo odiamos, cuánto nos fastidia que corte el pasto a la hora de la siesta, que escuche esa música de mierda, que coja y se escuchen los gritos de la zorra puta que tiene por esposa. ¡Mierda!.
De última, si todo eso no nos conforma, y además no logra que nos matemos a tiros, podemos incluso reconciliarnos, tomar una última copa para celebrar la amistad. ¿Para qué son los vecinos sino para ayudarse y tirarse bombas brasileras de un lado al otro del muro? ¡Qué bella la Navidad! Vení muñiañio, vamo(s) a pegar ese vomito juntos.

-¡Me vomitaste hijo de puta!- dijo un flaco sentado en el fondo, a la izquierda.
-Fuooooee sinnn querearrrr- respondió el pendejo.
-Sí, pero me vomitaste arriba del pantalón la reconcha de tu madre.
-Ta, flaco tampoco es pa’ tanto...- terció uno que andaba por ahí.
-¿Lo qué? ¿Qué dijiste la puta que te parió?
-Sí, que no es pa’ tanto. Pudo ser peor: ¡sólo te vomitó porotos!.
-Noooooooouuu.... Sonnnn lantejasssss. ¡Agrrrrrrrrrr!
-Me volviste a vomitar hijo de puta. Te voy a matar la reconcha de tu vieja hijo de mil putas, mirá cómo me dejaste el pantalón, ahora cómo mierda hago. Pendejo de mierda te voy a matar.
-Dejalo quieto, ¿no ves que ta repasado? ¿O pensás que te vomitó porque quiso?
-Seeeeeee, ¿pensás que te vomitú porque quisu? Agrrr.
-Sigue tirando bilis, qué hijo de mil putas. Levantate pendejo de mierda que me voy a tratar de limpiar. Dale levantate.

Y el ómnibus, que se sigue hamacando sin fin, batiéndonos interminablemente en medio de unas tinieblas que empezaban a ceder, justo en el horizonte. ¿Qué me habrá dejado Papá Noel? ¿Mmmmmmm? ¿Una vodka? ¿Una caja de condones? ¿Una sotana? ¿Una sotana y una muñeca inflable? Probable; con este gordo hijo de mil putas nunca se sabe. El gordo trolo de mierda este que viene a oler nuestras medias. Las mías bien mugrientas y aujereadas. Porque no tuve plata para comprarme otras y mirá si me voy a comprar un par nuevo sólo para vos. Papá Noel: si no te gustan mis medias, (porque tienen agujeros, porque gieden, porque no están a la moda, etc..) regalame unos cuantos pares, viejo de mierda, sorete y barrigón.
¿Usted no desconfiaría de un tipo que vive con gnomos y asnos (con nombres del tipo “Rudolfo”) todo el año en el Polo Norte? Yo tendería a pensarlo como un viejo pervertido, zoofílico, gnomofílico, etc.. Once meses al año sólo. Está bien, digamos que la nieve lo puede enfriar un poco, pero en cuanto se toma unas cuantas vodkas y se le pone dura ¿quién lo aguanta? Entonces le da la manía de que todo el mundo se siente en su falda. Primero gnomos y prostitutas esquimales; luego, cuando su deseo se hace insoportable (por ahí por noviembre, diciembre), empieza con los infantes, viejo pedofílico incurable, si te conoceré viejo de mierda.

-Falta que alguien ponga orden ¡carajo!- dijo la vieja al tipo que tenía al lado. -En mi época esto no era así, y si era, palo pa todo el mundo. No respetan a nadie estos sinvergüenzas.
El tipo a su lado se mantenía callado la boca, miraba para otro lado y se hacía el boludo.
-¡Un pasito para el fondo que hay lugar!- gritaba el chofer del ómnibus mientras le ponía más pata al coche-. Un pasito por favor, sean solidarios que queda gente por subir...
-...nadie se metía con la gente. Y los policías hacían algo. Estos jóvenes de ahora no respetan a nadie, se llevan el mundo por delante. Maleducados sinvergüenzas, no respetan ningún lugar ni...-
-Hagan el favor de correrse un poco para el fondo...
-Correte dale- dijo una gorda que recién había subido a alguno de los abombados parados en el medio del pasillo. El ómnibus estaba llenísimo, no cabía más nadie. El aire olía a vino, vómito y perfume de vieja coqueta. Parecía que jamás íbamos a llegar.
-Ya me acordé: eran los tártaros.
-Ahí va.
-Dejame pasar. Todavía que me vomitaste todo no me dejás pasar, no seas tan hijo de puta- pidió nuevamente el flaco del fondo.
-Dejá de joder al pibe.
-¿Qué te pasa a vo(s) muñiañio? No encajé(s). Nos bajamo(s) acá nomá(s) y nos damo(s) de bomba muñiañio. Y a vo(s) también cagón de mierda. Soltame, dejame, no me agarré(s) má(s). Son todo(s) una manga de cagone(s). Manga de puto(s).
-Jóvenes irrespetuosos. ¿No tienen madre acaso? ¿Quién los educó?- insistía la vieja, escandalizada.
-Un pasito más por favor.
-Seguro que los tártaros, señora; tenían salada tecnología. Ahí escuché el otro día que ya tenían luz eléctrica hace como 20 mil años. Tipo en la Atlántida.
-Un pasito más, no cuesta nada.
-Eso mismo: la mato-física de Cohelo, el que jugaba en Nacional. Mismo.
-Permiso, me dejan pasar, gracias.
-Hijo de puta, me vomitaste.
-No lo bardees más.
-¡Aggggggggrrrrrrrrrrrrrr! Pirrdonáaa...
-La puta que te parió.
-¡Qué los cumpla, qué los cumpla feliz! ¡Qué los cumpla el mesía(s), qué los cumpla feliz! ¡Vamo Peñarol carajo!
-¡Manya puto!
-¡No encajé(s) muñiañio! Vení vamo(s) a hablar. Vo(s) y yo nada má(s). Dale vení cagón.
-... y ahí tipo en las pirámide(s) sacrificaban los becerro(s) pal viejo y tiraban vino por los escalone(s).
-No podés. ¿Cómo vas a andar tirando el vino?

-¿Quién tiró el vino muñiañio? Vení vamo(s) a hablar vo(s) y yo. Vení puto. Soltame bo, dejame peliar. Qué va andar tirando el vino hijo de puta...
-¡Qué los cumpla el mesía(s), qué los cumpla feliz!

-¿Qué mierda pasa acá?- dijo finalmente el milico que estaba sentado al lado de la puerta delantera. Se levantó, y miró a la multitud enmudecida:
-Vamos a respetar un poco. Esto no puede ser, tienen que comportarse, carajo. ¿Quién se creen que son?- Luego miró al chofer: -Derecho pa’ la comisaría.
El conductor aceleró otro tanto. Al mismo tiempo, un sol anaranjado y grosero, recién nacido en el Oriente, empezó a colarse por la ventana, dándole en los ojos al hombre de bigote y cachiporra., obligándolo a correr la cara-. Sol de mierda.
-¡Bravo, bravo, manga de drogadictos homosexuales!- aullaba la vieja, alegre como niño en Disneylandia-. ¡Déles palo oficial, no tenga piedad por esos sabandijas!- pero el milico no le daba pelota ninguna; tenía sus propias fantasías que llevar a cabo.
-Les gusta joder con la ley, ¿eh?. Van a ver lo que es bueno ¡carajo!. Quedan todos arrestados por disturbios y perturbación del orden público, ¡carajo!. Marche preso pal’ calabozo. Y se me quedan calladitos eh, energúmenos de cuarta, me oyeron. Que no los oiga ni chistar. ¿Dónde carajo se creen que están?
En el fondo del vehículo se escuchó una voz, fuerte y clara en medio del silencio recientemente impuesto:
-¡En un cumpleaños, milico hijo de mil putas!


Hoski 16/11/08

3 comentarios:

  1. Muy bueno Hoski el blog, lo disfruto mucho a diario!!! Me gusta como combinas las fotos con tus cuentos y tus poemas!!! Adelante!!! Besos, Andrea.

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  2. jajaja ta buenisimo,,,me gusto como sacas a relucir toda esa porqueria hipocrita navideña que nos lanzamos siempre (porque igual lo hacemos y honestamente nos gusta) ademas esos personajes tan propios,,tan groseros mal educados,,mal hablados,,hediondos,,tan nosotros mismos,,,describiste en un autobus a una pequeña sociedad uruguaya muy parecida a la venezolana colombiana chilena etc ,,,toda nuestra idiosincracia que es (para mi ojo es una opinion personal)) una combinacion entre lo cochino y lo comico...bueno chamo cuidate mucho abrazos y besos desde aqui!!!!

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  3. Me encantó! Te diría que da lo mismo Cutu, Casanova, o un cuctsa...un sábado de madrugada o en las Fiestas, es casi lo mismo...muy buena la caracterización, suena un poco discriminatoria, pero entiendo que etiquetando es la forma de resumir el prototipo de cada personaje:los planchas,la vieja, el flaco, el milico, los borrachos...te quedó genial!nunca entendí lo del turrón con 35º C , pero así son nuestras tradiciones: rompecabezas de otras.
    Saludos, Ale.

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